Publicado 2022-06-23 por Alejandra Villablanca

Crisis económica mundial: Algunas proyecciones para Chile

"Muchas economías de bajos ingresos y emergentes se han visto particularmente afectadas por el aumento de los precios de los alimentos y de la energía, la ralentización del crecimiento de la demanda en sus mercados de exportación y la posibilidad de sufrir salidas de capitales, en la medida que han subido los tipos de interés en los países desarrollados. Sin embargo, la situación chilena es alarmante porque el crecimiento proyectado por dos años consecutivos -entre comienzos de 2022 y fines de 2023- es decir, sin escenario de guerra, ya era igual a cero (no hay crecimiento económico) dada la coyuntura política, las incertidumbres derivadas de ello y la insostenible expansión del gasto fiscal que hubo a lo largo de 2021 producto de la emergencia económica que desencadenó del Covid-19."

Crisis económica mundial: Algunas proyecciones para Chile

Los próximos años van a ser difíciles y de gran incertidumbre. La crisis económica a nivel global se ha agudizado significativamente tras la guerra en Ucrania, registrándose una aceleración del proceso inflacionario y escasez alimentaria, que podemos observar en el constante aumento de precios de los alimentos, productos agrícolas, fertilizantes y de otras materias primas como el petróleo, gas, carbón, aluminio y diversos metales preciosos.

A esto debemos añadir algunos factores, que venían generándose con anterioridad a la guerra y que agravan aún más la crisis económica. Entre estos podemos mencionar:

a) El cambio climático que ha deteriorado la actividad agrícola en muchos países producto de las sequías, inundaciones, incendios forestales, humedad y altas temperaturas amenazando la seguridad alimentaria y repercutiendo sobre las cadenas productivas y el precio de los alimentos.

b) El debilitamiento del multilateralismo a partir del Brexit en 2016, la guerra comercial entre Estados Unidos y China iniciada en 2018 y luego la guerra en Ucrania han terminado por producir un quiebre en la tendencia globalizadora caracterizada por el aumento del intercambio e interdependencia que se habían fortalecido tras la caída de la Unión Soviética, avizorándose una reorientación política, económica y estratégica por parte de los Estados en torno a las dos principales potencias del sistema internacional: Estados Unidos y China. Es decir, el ideal de una economía global, con una mayor integración económica entre países aunada a valores, principios y normas comunes e instituciones compartidas por todos los actores de la sociedad internacional está siendo reemplazada por una mayor competencia y rivalidad, fundamentada en intereses divergentes y una cooperación estratégica que devienen de la inseguridad y el conflicto persistentes en el mundo.

c) La pandemia del Covid-19 condujo a las economías más avanzadas a experimentar una profunda recesión que no se tenía registro desde la Segunda Guerra Mundial y la primera contracción del PIB en las economías emergentes y en desarrollo en al menos los últimos seis decenios, aumentando con ello los niveles de pobreza y desigualdad en varias regiones del mundo. Por su parte, la estricta política de “Covid cero” china ha perturbado el comercio marítimo por sus severos confinamientos en momentos en que las cadenas de suministro global se han visto muy presionadas por la contingencia sanitaria.

En consecuencia, la última edición de las Perspectivas Económicas de la OCDE prevé que el crecimiento mundial se desacelere bruscamente, hasta situarse en torno al 3% este año y en el 2,8% en 2023, quedando muy por debajo de la recuperación proyectada en las ediciones de diciembre de 2021. Esta caída es tremendamente significativa para la estabilidad de la economía mundial, si consideramos los efectos económicos directos de la guerra en la caída del PIB mundial con la implosión económica de Ucrania y Rusia. La alta inflación está erosionando los ingresos y el gasto de los hogares, afectando con especial dureza a los más vulnerables. Además, no debemos olvidar que la amenaza de sufrir una grave crisis alimentaria, sigue siendo muy seria para las economías más pobres del mundo, debido al elevado riesgo de escasez de suministros y a los altos costes. Lo mismo ocurre con las proyecciones de hambruna en países de África, Medio Oriente y Asia que ponen en riesgo la vida de miles de personas y la estabilidad de decenas de países.

Muchas economías de bajos ingresos y emergentes se han visto particularmente afectadas por el aumento de los precios de los alimentos y de la energía, la ralentización del crecimiento de la demanda en sus mercados de exportación y la posibilidad de sufrir salidas de capitales, en la medida que han subido los tipos de interés en los países desarrollados. Sin embargo, la situación chilena es alarmante porque el crecimiento proyectado por dos años consecutivos -entre comienzos de 2022 y fines de 2023- es decir, sin escenario de guerra, ya era igual a cero (no hay crecimiento económico) dada la coyuntura política, las incertidumbres derivadas de ello y la insostenible expansión del gasto fiscal que hubo a lo largo de 2021 producto de la emergencia económica que desencadenó del Covid-19.

Y si bien, en este sentido, el escenario económico en Chile es bastante similar a lo que está sucediendo en el mundo: inflación, menos actividad y empleo en comparación con lo que hubiese ocurrido, presumiblemente, en ausencia de la guerra, las proyecciones son preocupantes, ya que el precio de la energía y de los alimentos con tendencia al alza implican una mayor inflación con menores salarios reales e ingresos reales; variables que se suman a un nulo crecimiento económico (que se proyecta también para el próximo año), y a una probable recesión económica que enfrentaríamos a partir del segundo semestre que se aproxima.

La incertidumbre en torno a las perspectivas se ha visto impregnada de importantes riesgos negativos, producto de los nuevos escenarios políticos que afectan al país a raíz del proyecto de nueva Constitución -y su correspondiente plebiscito de salida para aprobarla o rechazarla que tendrá lugar el próximo 4 de septiembre-, la propuesta de reforma tributaria que impulsa el gobierno, el aumento de los niveles de violencia, la delincuencia desbordada que afecta a la población y el terrorismo cada vez más creciente en el sur del país, sumada a una incertidumbre internacional que prevalece porque desconocemos hasta cuándo se prolongará la guerra que Rusia inició contra Ucrania y las implicancias que tendría una eventual escalada del conflicto, tendrán repercusiones mucho más fuertes, que aquellas que enfrentarán países en desarrollo en el actual escenario de guerra, pero sin estos factores de política interna añadidos.

Cabe agregar que la incertidumbre afecta a los precios de los activos y las condiciones financieras se tornan más ajustadas en cuanto a ofertas de créditos por parte de los sistemas financieros mundiales. Asimismo, se producen salidas significativas de capitales que traen consigo devaluaciones de las monedas ya que, naturalmente, los inversionistas prefieren huir hacia países más estables donde sus activos estén más seguros. Asimismo, la incertidumbre de shocks en este caso político y económico mundial deprime los precios de activos de renta variable, acciones y de bonos de riesgo medio alto incluidos los bonos soberanos y corporativos chilenos y la disminución de la actividad mundial implicará menor demanda por las exportaciones chilenas lo que se traducirá en una menor actividad económica en Chile.

Ahora bien, la combinación de mayor inflación, mayor incertidumbre y deterioro en los términos de intercambios prolongados en el tiempo, podría conllevar a una devaluación del peso que intensificaría aún más el fenómeno inflacionario. Igualmente, los efectos a través de los mayores precios de nuestras importaciones en dólares, multiplicado por un tipo de cambio más devaluado implicaría, desde luego, más inflación.

Por último, a medida que la actividad mundial se haga más débil, disminuirá el precio del cobre y de otras materias primas. Por otra parte, los mayores precios de importación de energía de petróleo, gas y de alimentos en Chile, como el trigo por ejemplo, que producen otro tipo de intercambio, generarán pérdidas adicionales de ingresos reales y, por tanto, se tendrá menor actividad económica y menor empleo en el país.

En suma, debe ser una prioridad para el gobierno mantener y garantizar la cooperación público-privada, resguardar la integridad territorial, restablecer el orden público y la seguridad de las personas, medidas que se tornan imperativas para lograr una economía saludable y sostenible en el tiempo. Y para esto se debe asumir que la ideología per se no basta para ejecutar un buen gobierno, antes bien, lo pragmático se vuelve imprescindible y cobra una importancia absoluta en tiempos de crisis como la que estamos enfrentando tanto a nivel nacional como internacional.