Publicado 2022-02-17 por Alejandra Villablanca

Rusia-Ucrania: de una crisis regional al desmoronamiento mundial

"Lamentablemente, Estados Unidos y sus aliados han despertado tarde a las realidades de un mundo en plena transformación. La administración estadounidense ha estado más preocupada de frenar la expansión e influencia China que por restaurar un equilibrio internacional estable, duradero y fuerte. Por su parte, Europa olvidó completamente sus responsabilidades de seguridad en el mundo y su visión estratégica se estancó hace varias décadas."

Rusia-Ucrania: de una crisis regional al desmoronamiento mundial

Rusia se encuentra decidida a recuperar su estatus de superpotencia y para esto considera elemental frenar el avance de Estados Unidos en Europa oriental. Naturalmente que, bajo esta lógica, Ucrania constituye una pieza clave por cuanto forma parte de su zona de influencia y seguridad que Rusia necesita resguardar y, por lo tanto, la incorporación de Ucrania a la Unión Europea será evitada a cualquier costo. Esto ya ha quedado de manifiesto con la anexión de la península de Crimea en 2014, que sin importar las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, y la desaprobación de la comunidad internacional, Rusia se ha encontrado en el límite de efectuar nuevamente una intervención militar en territorio ucraniano. Y es que lo pragmático y estratégico se superponen al idealismo norteamericano con su “política de sanciones” que en la práctica poco intimidan a Estados como Rusia, al no estar respaldadas de un poder material disuasivo y efectivo, que es precisamente lo que ha ido perdiendo Estados Unidos luego de sus derrotas en Irak y Afganistán. Por el contrario, estas medidas han llevado a Rusia a fortalecer sus relaciones con China y otros aliados adversarios de la primera potencia mundial en momentos que se pone a prueba no sólo su capacidad de contención, sino que también su propia “posición” en esta categorización. 

Por ejemplo, contrariamente a lo que se esperaba, las acciones tomadas por Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump en 2018 junto a la presión diplomática y política que se ha ejercido sobre Rusia, han permitido ampliar y consolidar la asociación entre China y aquel país de manera importante, llegando a tener lugar en el verano de 2018 las maniobras Vostok-18, uno de los mayores juegos de guerra organizados por Moscú desde 1981. Las fuerzas chinas y rusas habían participado en ejercicios conjuntos con regularidad, pero las maniobras Vostok-18, en las que Beijing aportó treinta aeronaves, entre reactores de combate y helicópteros, novecientas piezas de equipo militar y más de tres mil efectivos, tuvieron unas dimensiones extraordinarias. Igualmente, resulta llamativo el hecho de que las maniobras se diseñaran como un ejercicio de preparación ante una posible invasión extranjera e incluyeran la simulación del uso de armas nucleares.  

Pero más allá de una guerra tradicional, es decir, de un enfrentamiento militar, la guerra ya ha comenzado hace mucho tiempo. La región enfrenta una guerra híbrida que se ha extendido hasta Europa y otras regiones de Occidente. La constante estrategia de desestabilización política de Putin, los ciberataques, hackeos a sistemas de gobierno, corte de suministros energéticos, el precio del petróleo, entre otros, constituyen parte de esta nueva forma de desplegar el poder facilitada sin duda por las nuevas tecnologías de internet de la información y la comunicación, además de la inteligencia artificial y la digitalización de la vida que evidencian la vulnerabilidad de los Estados para enfrentar estas nuevas amenazas propias de la revolución digital.  

En suma, existe un riesgo incrementado de cometer errores estratégicos en virtud de la diversidad de factores que interactúan en este conflicto y de la presencia de instituciones internacionales débiles representantes de un orden internacional que se encuentra hoy en un evidente punto de inflexión. Ya los modelos políticos de los países occidentales y formas de sobrellevar la política internacional no son compartidos por una gran parte de países del mundo y conceptos como democracia, derechos humanos, derecho internacional, son reinterpretados por las partes según sus propios intereses y según las causas egoístas que estén en juego. Si bien, asumimos que se observa todo un sistema que funciona en base a reglas conocidas por los actores, éstas han resultado ser ineficaces, muchas veces, en su aplicación y cumplimiento. Las guerras de Siria, Afganistán y Estados de Medio Oriente sumadas a las constantes amenazas de Corea del Norte con su arsenal nuclear y ahora la cada vez más factible intervención de Rusia en Ucrania, y en un futuro, probablemente, alguna acción de este tipo de China sobre Taiwán, constituyen manifestaciones visibles y ejemplificadoras de lo señalado.

Lamentablemente, Estados Unidos y sus aliados han despertado tarde a las realidades de un mundo en plena transformación. La administración estadounidense ha estado más preocupada de frenar la expansión e influencia China que por restaurar un equilibrio internacional estable, duradero y fuerte. Por su parte, Europa olvidó completamente sus responsabilidades de seguridad en el mundo y su visión estratégica se estancó hace varias décadas.

Finalmente, podemos enfatizar que estamos presenciando tiempos difíciles y de gran incertidumbre. Hay varios puntos álgidos alrededor de todo el mundo en que podría estallar un conflicto militar y ante el aumento evidente de las tensiones entre Estados ambiciosos y dispuestos a mostrar sus músculos, existen también una serie de otros problemas económicos, políticos, tecnológicos y nuevas amenazas subyacentes tales como la crisis económica que enfrentamos a nivel global; crisis democrática, fortalecimiento de regímenes autoritarios, una tendencia al unilateralismo por sobre el multilateralismo; desarrollo de nuevas tecnologías como la robótica e inteligencia artificial; radicalización de organizaciones extremistas violentas, terrorismo, narcotráfico, cambio climático, agotamiento de fuentes de recursos que son indispensables para la vida y la pandemia del Coronavirus; que están quebrajando los frágiles soportes que sostienen la actual estructura del sistema internacional heredada de Estados Unidos tras el término de la Segunda Guerra Mundial. En consecuencia, el conflicto que se ha desatado entre Ucrania y Rusia, y que ha acaparado la atención mundial estas últimas semanas, constituye solo una pieza de lo que sería una crisis mucho mayor, más terrible y profunda que se está produciendo a nivel sistémico en el concierto internacional, y que nos está conduciendo hacia un proceso de transformación histórica del poder global y la consiguiente conformación de un nuevo orden mundial.